Los médicos no encontraron prueba alguna de que Chueco tenga un tendencias suicidas. Hoy declara “el armador legal” de la estructura de lavado según, Fariña.

El abogado Chueco no tiene ningún impedimento físico ni psicológico para ser indagado por la causa denominada “ruta del dinero K”. Por eso, el juez federal Sebastián Casanello ordenó que hoy a la mañana, fuera trasladado para la audiencia. Mientras tanto, Chueco estaba detenido en el Edificio Centinela, de la Gendarmería Nacional.

El plan original era que declarara ayer, pero los abogados defensores se opusieron. Dijeron que no estaba en condiciones psicológicas y pidieron que fuera revisado por expertos. El juzgado estuvo de acuerdo: antes de tomarle declaración los investigadores querían saber si era cierto que tenía un cáncer avanzado (tal como él sostuvo en una carta) y si tenía inclinaciones suicidas. Las huellas que Chueco había dejado tras de sí cuando se fugó en Misiones sugerían que había tenido dos intentos de suicidio en la última semana.

Chueco pasó ayer buena parte de la tarde en la sede del Cuerpo Médico Forense, que depende de la Corte Suprema. Lo examinaron una médica clínica y otra psiquiatra, junto con la perito de parte que había designado la defensa, la doctora Mónica Debenedetti, también psiquiatra. En cuanto al cáncer, en el estudio que le hicieron los especialistas no encontraron la degradación propia de un cáncer avanzado. Tampoco ningún impedimento psíquico. De hecho, lo vieron muy seguro de sí mismo.

Los investigadores sospechan que fue el referente en materia legal de la estructura delictiva que había montado Báez. Que así como Daniel Pérez Gadín era el presunto cerebro en lo contable, Chueco era el asesor en lo jurídico. De hecho, Chueco y Pérez Gadín figuran con un rol determinante en la operación de compra de la financiera SGI, conocida como “La Rosadita”, la aparente cueva de Puerto Madero por donde pasaron los millones de Báez. Chueco figura como “representante legal” de la firma Helvetic Services Group, la sociedad que se quedó, en los papeles, con SGI. La sospecha es que en realidad era de Báez.

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